Día del Maestro – Épica odisea de construir una mejor realidad… La vida entera sembrando

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Día del Maestro – Épica odisea de construir una mejor realidad… La vida entera sembrando

Épica odisea de construir una mejor realidad… La vida entera sembrando

 Reflexiones sobre el Día del Maestro

Dra. Lilliana Remus Del Toro

15 de Mayo, 2018

 

Queridos y admirados compañeros MAESTROS y CONSULTORES, hace 30 años comencé esta maravillosa aventura de pararme frente a un grupo para intentar ser maestra. Recuerdo las mariposas que sentía en el estómago el primer día… las mismas que todavía siento cuando doy un programa. A lo largo de tantos años, siempre me he maravillado al descubrir entre mis alumnos universos tan variados, tan profundos y tan ricos… Compartir sus historias, sus emociones y sus anhelos; lanzarme con ellos al reto de descubrir, cuestionar, indagar, analizar, crear, incidir, trascender. Puedo ver claramente, como en estos 30 años, no ha habido un solo día en el que haya dejado de aprender algo de mis participantes. No cabe duda que en este devenir de experiencias y de conocimientos que es la docencia, el que más aprende, es el maestro.

 

Ya lo decía Antonio Machado, “En las cosas del saber y del vivir, solo se gana lo que se da, solo se pierde lo que se guarda”. Qué honorable y noble profesión, que al darse a los demás, recibe tanto. En este mundo de caos, de violencia, de sinsentido, solo la conciencia, el juicio crítico, la educación y el amor, parecen ser una respuesta. Así que ser maestro, es tener la invaluable oportunidad de construir esos caminos de paz que tanto nos urgen.

 

Confío plenamente, en que lo que se hace con ética, amor, humildad y pasión, en algún momento da frutos, y aún, cuando en muchos casos no tengamos la oportunidad de verlos, Dios nos regala pistas a través de aquellos encuentros, años después, en los que algún alumno nos dice, valió la pena… hizo una diferencia …

 

Vale la pena seguir aprendiendo, seguir enseñando, seguir amando, seguir creyendo y seguir cuestionándose. Vale la pena no rendirse ante la épica odisea de construir una mejor realidad, más íntegra y más humana. Que estos tiempos de locura no nos encuentren dormidos. Que nos encuentren confiados y dispuestos, en esta tarea de servir. Nunca dudemos del poder de la educación: como decía Henry Adam: Un maestro trabaja para la eternidad; nadie puede predecir dónde terminará su influencia.

 

Gracias Dios, gracias vida, gracias a todas las empresas y organizaciones que nos han propiciado este precioso privilegio que nos permite, a través de la educación, ser parte de la solución, no del problema. Gracias a cada uno de nuestros alumnos, que nos cautivan, nos enseñan, nos hacen sonreír, y nos renuevan. Mil felicidades a mis queridos compañeros maestros, consultores, mairos… mi admiración y respeto. Todos unidos, con toda nuestra mente y todo nuestro corazón, hay que seguir sembrando… la vida entera sembrando…

 

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