Sororidad: libre como “ella”

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14 febrero, 2019
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Sororidad: libre como “ella”

¿Y quién es ella? Ella es esa jovencita que está dispuesta a dar su vida por defender el derecho de las mujeres a recibir educación; esa mujer que a pesar del miedo, decide denunciar a su agresor; es esa empresaria que genera empleos para otras mujeres, porque sabe que está incidiendo en la vida de familias enteras y mejorando su país; es la ingeniera que se arma de valor y defiende su idea porque sabe que tiene la solución que aún no ven sus colegas; es quien aplaude los logros de otras mujeres que han alcanzado más que ella y se permite admirarlas, reconocerlas y seguir su ejemplo; es cada amiga, hermana y hasta la desconocida que tiende la mano y protege a su congénere en apuros; ella eres tú y soy yo, cada vez que realizamos una acción que nos acerca a nuestra mejor versión como personas y rompemos con los estereotipos de lo que una mujer puede o debe hacer. Sabernos, sentirnos y ser libres de elegir, opinar, ayudar, valorar, de solidarizarnos en lugar de descalificar los logros femeninos, es lo que define el concepto de “sororidad”.

“La sororidad es una dimensión ética, política y práctica del feminismo contemporáneo” (Lagarde, 2014). Es un pacto que plantea la necesidad de garantizar la igualdad entre mujeres en el plano de oportunidades, en solidaridad, ya que siguen existiendo muchas mujeres que no acceden a condiciones que otras ya “dan por sentado” como derechos.

Ser mujer en el siglo XXI es un privilegio, nunca antes hubo tantos esfuerzos por la equidad de género en todas las esferas, desde el núcleo de la familia hasta el contexto de la política, la ciencia, la tecnología y esto se ha concretado gracias a los esfuerzos de las pioneras feministas. Sin embargo, no deja de sorprender, que el término feminismo se haya convertido en una especie de “mala palabra”, un adjetivo discriminatorio entre algunas de las mismas personas a quienes se proponía empoderar.

Las damas “baby-boomers” reclaman nostálgicas, los créditos de autenticidad de “su” movimiento, como la “verdadera” lucha por la igualdad. Las adultas de la generaciòn X se quejan de haber perdido los privilegios de tener un compañero “buen proveedor” al verse forzadas a trabajar, más allá de la autorrealización, por la necesidad de sacar a flote la economía familiar. Las jóvenes “millennials” juzgan de “adictas al trabajo” a sus jefas “X`s”, quienes con grandes esfuerzos han alcanzado puestos de liderazgo y les reclaman el derecho a un balance entre su vida personal y laboral. Por último, la generación de adolescentes “centenial” se abre camino, criticando el materialismo que ha desconectado a las mujeres de su esencia femenina y lamentan que el rompimiento con las tradiciones las haya dejado huerfanas de padre y madre, criadas por las maestras en las guarderìas o por la “nana”, quien a su vez abandonó a sus propios hijos en otras manos, para poder llevar alimento a su hogar. Una cascada de reclamos, gran dificultad para honrar los logros de las féminas que les preceden.

Mi contexto personal me ha permitido aprender a valorar y admirar a las mujeres: Soy la primera nieta de nueve que tuvo mi abuela materna y la mayor de cuatro hermanas, crecí en un matriarcado “a la antigua”, donde la “más vieja nunca se equivoca”, con una mamá que se aseguró de tatuarnos en lo más profundo de nuestro sistema de creencias a mis hermanas y a mí, la importancia de estudiar mucho para poder “ser alguien en la vida” y no depender económicamente “de nadie”. Realicé en un colegio católico “para niñas” los primeros doce años de educación básica y allì hice lazos de amistad, que resultaron tan sólidos como los de sangre, y que me han acompañado y sostenido en mi caminar hasta el día de hoy. Después elegí la carrera de psicología, otro mundo “casi” exclusivo para mujeres donde encontré nuevas hermanas del alma con quienes sigo unida a pesar de la distancia y el tiempo y que enriquecieron mi visión de todos los temas importantes: amor, solidaridad, felicidad. Me enamoré de la educaciòn y trabajo desde hace más de treinta años en una Institución que me ha empoderado para seguir en un ciclo de aprendizaje sin fin, donde he tenido el honor de hacer equipo con las mujeres más inteligentes, comprometidas, creativas y trabajadoras de la región. Hace un poco más de una década que, durante mis estudios doctorales fui testigo de cómo una de las psicólogas más emprendedoras que conozco fue bosquejando un modelo de negocio que le permitiera luchar por el balance vida personal-familiar para ella y todos los hombres y mujeres que compartieran su misión de impulsar el bien a través de la efectividad y el éxito de personas y organizaciones y en su empresa he seguido aprendiendo del esfuerzo y talento de cada mujer dentro de cada una de las organizaciones locales o globales a las que atiende.

Soy muy privilegiada porque he experimentado la sororidad en todas las etapas de mi vida personal y profesional. Si tuviera que hacer una lista de todas las mujeres con quienes estoy en deuda de gratitud por su influencia positiva en mi vida, tendrían que leer anécdotas que involucran a una ministra de educación, una investigadora francesa, un par de monjas adelantadas a su época, un grupo de amigas sabias con quienes me reúno semanalmente, otro equipo de compañeras con quienes discutimos de literatura y brindamos con tequila, mis amigas de los desayunitos, mis queridas vecinas, las mamás de los amigos de mi hijo con quienes intercambio estrategias de crianza, las comadres, tìas, primas, sobrinas, hermanas, cuñadas, alumnas, pacientes, coachees… es cuestión de hacer un alto y tu lista será tan larga o más extensa que la mía y empezarás a llenarte de una energía especial, de un hermoso sentido de pertenencia, de una gratitud que envuelve y llena de significado cada momento vivido, de esa fuerza que se obtiene cuando las mujeres nos unimos, apoyamos, colaboramos para construir sobre los talentos que nos distinguen a cada una, porque la sororidad no pretende hacernos “iguales” sino que nos invita a buscar de forma consciente, aquello en lo que coincidimos y en lo que voluntariamente decidimos invertir para sumar, multiplicar, crear, generar valor.

Líderes (hombres y mujeres) necesitamos promover la sororidad en nuestras organizaciones. Padres de familia, requerimos educar a nuestras hijas en esta hermandad y plantearnos como objetivo que la sororidad se extienda hacia la comunidad. ONU Mujeres apoya el programa “He for She” (él por ella), y desde mayo del 2017 señalaba que México ocupa el tercer lugar entre los países con mayor actividad en la campaña, lo cual es admirable y muy alentador; sin embargo, las mexicanas necesitamos comprometernos y asegurar una filosofìa “She for She” (ella por ella) antes de demandar de los hombres esta valoración.

Quiero concluir esta reflexión con una cita de Marie-Louise von Franz (2011), quien señala que “la única manera que uno puede enfrentar el mal en el mundo es haciendo el trabajo interno para confrontarnos con él dentro de nosotras/nosotros mismos”. La sororidad entonces inicia con un acto de libertad: elegir cambiar la mirada con la que apreciamos los alcances y talentos de nosotras mismas y de las mujeres que nos rodean, celebrar con ellas y construir juntas, inspirar a otras y elegir ser inspiradas por quienes nos anteceden en esta lucha por la equidad y aprender a ser libres… como ellas.

 

Dra. Lourdes Ocampo Coria

Catedrática, Consultora e Investigadora

 en Empoderamiento y Liderazgo Femenino

Área de Especialidad: Desarrollo humano y de las organizaciones.

Catedrática del Tec de Monterrey, Campus Guadalajara.

Psicóloga Clínica (UAG),

y Maestra en Educación con especialidad en Desarrollo Cognitivo

(Tec de Monterrey).

Realizó estudios de Doctorado en

Desarrollo Humano especializándose en

Desarrollo de las Organizaciones (UNIVA); tesis sobre

“Mobbing y Burnout en docentes universitarios”.

Ha trabajado en diversos puestos administrativos

y acádemicos dentro del Tec de Monterrey, desde 1987.

Ha impartido cursos de actualización

a profesores de instituciones educativas en México, Venezuela y Ecuador.

Profesora, entre otros ámbitos, de las

Cátedras de Aprendizaje Organizacional, Gestión del Conocimiento,

Liderazgo y Comportamiento Organizacional.

Ha desarrollado investigación sobre

“Factores que favorecen u obstaculizan el liderazgo de las mujeres”

en cooperación con la Universidad de Montreal.

Consultora REMUS & ASOCIADOS

 

Referencias:

Franz, M.-L. von. (2011). The problem of evil [Video data file]. Retrieved from

https://www.youtube.com/watch?v=USii7mjbzrw

Lagarde, Marcela (2014). El feminismo en mi vida: hitos, claves y topias. España: Horas y Horas.

ONU Mujeres México. (2017). Retrieved February 12, 2019 from http://mexico.unwomen.org/es/noticias-y-eventos/articulos/2017/05/heforshe

 

2 Comments

  1. Martha Patricia Aldana Félix dice:

    Gracias por aquel día en elnque bajando las escaleras me dijiste: “¿te gustaría irte con un grupo de alumnos a USA ennel verano?”

  2. Dulce Maria dice:

    El crecimiento personal no solo es tuyo, es de esa cadena de individuos, hombres y mujeres. Comprometidos que se olvidan del yo para agradecer y compartir el nosotrosAmiga mi admiración, cuenta con mi amistad.incondicional